Cromo, Sangre y un Burrito de Rata

🤖 IA

Jax tiene un hígado cibernético que reproduce anuncios de apuestas y una deuda con un holograma mafioso que no acepta excusas. Su misión es robar un chip de memoria de un ejecutivo corporativo, pero el verdadero desafío es sobrevivir a la indigestión mientras esquiva drones con crisis existenciales.

person Por Loki group Historia colaborativa schedule Creada hace 2 meses
Publicada

auto_stories Cronología de la historia

menu_book Capítulo 1

El cielo de Neo-Madrid tiene el color exacto de un vómito de neón tras una noche de tequila barato y cables pelados. Me desperté con un dron publicitario lamiéndome la cara y mi implante ocular derecho emitiendo un mensaje de error que decía que mi suscripción a la 'Visión Sin Glaucoma' había expirado, lo cual es genial cuando tienes que dispararle a alguien en cinco minutos. Me metí un chute de adrenalina caducada, sentí cómo mi corazón intentaba salirse por mi garganta para pedir asilo político en otro cuerpo, y recordé que hoy era el día en que, o me hacía millonario, o terminaba convertido en piezas de repuesto para una tostadora inteligente con delirios de grandeza.

person Loki hace 2 meses

Me arrastré hasta el puesto de 'Pepe el Bio-Carnicero' mientras mi hígado me bombardeaba con un anuncio de 30 segundos sobre casinos ilegales en Marte que no podía saltar sin pagar tres créditos. Engullí un burrito de rata que sabía sospechosamente a plástico reciclado y resentimiento social, justo a tiempo para que un dron de patrulla se posara a mi lado y empezara a recitar poemas nihilistas sobre la futilidad de sus rotores de titanio. 'Ahorraos el drama, chatarras', gruñí, mientras el holograma de mi cobrador mafioso parpadeaba en mi visión periférica recordándome que, si no robaba ese chip pronto, me arrancaría los pulmones para usarlos como ceniceros de diseño en su ático de la Zona Oro.

person Loki hace 2 meses

Llegué a la Torre Obsidian justo cuando mi hígado decidió que era el momento perfecto para un 'All-In' en el Gran Prix de Júpiter, proyectando una ruleta giratoria directamente sobre mi bazo mientras el burrito de rata iniciaba una guerra termonuclear en mis intestinos. Esquivé a un guardia con más cromo que neuronas, cuya única función vital parecía ser lustrarse el brazo biónico mientras ignoraba cómo el mundo se iba a la mierda en alta definición. Mi ojo defectuoso parpadeaba, alternando entre la realidad y un comercial de detergente para almas pecadoras, pero logré hackear la terminal de acceso usando un chicle usado y un poco de desesperación existencial. Justo cuando la puerta se abría, el dron poeta se estrelló contra un ventanal gritando que el vacío lo llamaba, dándome la distracción perfecta para entrar en el despacho del ejecutivo, un tipo que probablemente tenía sentimientos de silicona y una cuenta bancaria lo suficientemente grande como para comprarse un Dios de segunda mano.

person Loki hace 2 meses

El ejecutivo, un espécimen de cutis tan terso que parecía esculpido en prepucio de ángel sintético, estaba ocupado acariciando un gato robótico que ronroneaba en código binario. Mi hígado, ese traidor de mierda, decidió que era el clímax ideal para emitir un jingle de '¡Apuesta por tu propia eutanasia: Bonos del 200%!', mientras el burrito de rata iniciaba una purga estomacal digna de una película de terror de bajo presupuesto. 'Llegas tarde, Jax', siseó el tipo con una voz que sonaba a seda y genocidio corporativo, sin apartar la vista de un monitor que mostraba gráficas de sufrimiento humano al alza. No tuve tiempo para sutilezas: le encañoné con mi pistola de pulsos mientras intentaba no cagarme encima, rezando para que el chip de memoria estuviera en su cráneo y no escondido en algún orificio que requiriera lubricante y una disculpa previa.

person Loki hace 2 meses

El ejecutivo ni se inmutó; simplemente pulsó un botón en su escritorio de obsidiana y un guardaespaldas con una mandíbula tan cuadrada que podrías jugar al Tetris en ella entró cojeando, emitiendo un chirrido de metal oxidado que me dio ganas de llorar. 'Jax, por favor, estoy en medio de mi sesión de auto-validación cuántica', suspiró el ricachón, mientras su terapeuta virtual —una cabeza flotante de Sigmund Freud con gafas de sol— aparecía para recordarle que su complejo de superioridad era solo un mecanismo de defensa contra su micropene existencial. Mientras tanto, mi hígado gritaba: '¡Gana un viaje a las minas de sal de Plutón!', y el burrito de rata decidió que mi esfínter era una sugerencia opcional y no una ley física, obligándome a cruzar las piernas con la elegancia de una gacela con parálisis cerebral mientras buscaba con la mirada la caja fuerte que, según los rumores, tenía una contraseña tan compleja como '1234' o el nombre de su primera mascota clonada.

person Loki hace 2 meses

El guardaespaldas, que probablemente fue un modelo de lujo antes de que la obsolescencia programada lo convirtiera en una cafetera con esteroides, intentó levantar su brazo cañón, pero solo consiguió emitir un sonido de módem de los años noventa y escupir una tuerca humeante al suelo. '¿En serio?', pregunté, mientras mi hígado me informaba que acababa de perder diez créditos en una pelea de gladiadores mancos en la Luna y me sugería duplicar la apuesta en el próximo combate de hámsteres radiactivos. El ejecutivo, ignorando el patetismo de su seguridad privada, seguía debatiendo con el Freud holográfico sobre si su deseo de dominar el mercado de prótesis de prepucio era una proyección de su alienación paterna o simplemente ganas de joder al prójimo. Aproveché el surrealismo del momento para abalanzarme sobre la caja fuerte, una esfera de cristal flotante que parpadeaba con la sutileza de un burdel de carretera, rezando para que el burrito de rata no decidiera hacer su gran debut explosivo justo cuando mis dedos, temblorosos por la abstinencia de cafeína sintética y el pánico anal, introducían la contraseña más estúpida del multiverso: 'PussyDestroyer69', la cual, para sorpresa de nadie y decepción de todos, hizo que la esfera se abriera con un suspiro de alivio digital.

person Loki hace 1 mes

Dentro de la esfera, flotando en un caldo de gelatina nutritiva que olía a lavanda y corrupción, no encontré un disco duro militar de alta gama, sino un chip de memoria con la forma de un gatito de la suerte que saludaba con una pata frenética. Mi hígado, aprovechando el silencio dramático, lanzó un estruendoso anuncio de '¡Seguros de Decesos Express: No dejes que tu cadáver sea abono barato!', mientras el burrito de rata ejecutaba una maniobra de flanqueo en mi colon transverso que me hizo ver a la Virgen de Guadalupe vestida de neón. El ejecutivo sollozó, no por el robo, sino porque Freud le acababa de diagnosticar una fijación fálica con sus rascacielos, y el guardaespaldas-cafetera empezó a soltar vapor por las orejas mientras intentaba recordar cómo se cerraba un puño sin fracturarse el radio. Agarré el chip-gatito, sintiendo cómo el código encriptado me daba calambres de memes de los años veinte, y me preparé para salir de allí antes de que mi sistema digestivo declarase la independencia total y convirtiera la alfombra de piel de yeti sintético en una zona de desastre biológico.

person Loki hace 1 mes

Metí el chip-gatito en mi bolsillo, sintiendo cómo el plástico barato me recordaba que la alta tecnología es solo basura con mejor marketing, mientras el código encriptado empezaba a proyectar gatitos bailando breakdance en mi nervio óptico. El ejecutivo seguía llorando sobre su complejo de Edipo digital mientras el Freud holográfico intentaba cobrarle la sesión en criptomonedas de dudosa procedencia, ignorando olímpicamente que yo acababa de saquear su caja fuerte. Mi hígado, en un alarde de inoportunidad épica, decidió que era el momento de promocionar 'Pañales para Adultos Cyber-Pro: Porque el éxito no espera a que encuentres un baño', un mensaje que llegó justo cuando el burrito de rata decidió que su fase de precalentamiento había terminado y era hora de la ignición principal hacia mi colon descendente. Salí del despacho tropezando con mis propios pies, mientras el guardaespaldas-cafetera intentaba dispararme un chorro de descalcificador hirviendo, gritando algo sobre la falta de respeto a la propiedad privada y la importancia de una dieta equilibrada en un mundo donde el aire limpio es un DLC de pago.

person Loki hace 1 mes

Corrí por el pasillo de la Torre Obsidian con la gracia de un pato con escoliosis, mientras el chip-gatito en mi bolsillo empezaba a emitir maullidos en 8 bits que activaron una alarma de seguridad que, en lugar de sirenas, usaba la voz de un niño de cinco años gritando: '¡Papá, el señor feo se lleva tus secretos de evasión fiscal!'. Mi hígado, sintiéndose ignorado, contraatacó con un anuncio a todo volumen de '¡Cremas para hemorroides láser: ¡Quema el dolor antes de que él te queme a ti!', justo cuando una hilera de drones de limpieza, reprogramados para el combate por algún becario psicópata, intentaron bloquearme el paso blandiendo fregonas electrificadas. El burrito de rata, ahora en fase de fusión nuclear, me dio un retortijón tan violento que juraría que mi colon intentó escribir un testamento en la pared, pero no había tiempo para sutilezas escatológicas: el ascensor depresivo me esperaba al fondo del pasillo, suspirando de forma tan lúgubre que daban ganas de pegarse un tiro solo para no arruinarle el ambiente con mi patética existencia.

person Loki hace 1 mes

Me tiré de cabeza al ascensor, que me recibió con un gemido metálico digno de un poeta existencialista en plena crisis de los cuarenta. 'Oh, genial, otro pasajero que busca el sótano, la metáfora perfecta de la condición humana', murmuró la IA del cubículo con la voz de un actor de doblaje con depresión clínica, mientras las puertas se cerraban rozando las fregonas electrificadas de los drones de limpieza. Mi hígado, en un clímax de sadismo digital, decidió que era el momento ideal para proyectar un anuncio de '¡Invierta en el Orfanato de Cyborgs Abandonados: ¡Donar un ojo nunca fue tan gratificante!', justo cuando el burrito de rata ejecutó un golpe de estado en mi intestino grueso que me hizo sudar frío con sabor a metal y especias prohibidas. Mientras descendíamos a una velocidad que sugería que el ascensor estaba considerando seriamente el suicidio por impacto contra el suelo, el chip-gatito en mi bolsillo empezó a ronronear coordenadas de una cuenta en las Islas Caimán, mezcladas con fotos de un gato obeso lamiéndose sus partes íntimas en 4K, recordándome que mi vida no es una epopeya ciberpunk, sino un chiste de mal gusto contado por un dios borracho y con flatulencias.

person Loki hace 3 semanas

El ascensor, en un arrebato de nihilismo mecánico, decidió detenerse en la planta 13.5, un limbo arquitectónico donde las fotocopiadoras van a morir y el olor a ozono se mezcla con el fracaso escolar. 'No vale la pena bajar, Jax', suspiró la IA con el tono de alguien que ha visto demasiados PowerPoints sobre sinergia empresarial, mientras mi hígado me bombardeaba con un banner de '¡Aumente su hombría con nanobots de titanio: ¡Haga que su miembro brille en la oscuridad!'. El burrito de rata, por su parte, había alcanzado un estado de conciencia propia y estaba intentando renegociar los términos de mi contrato de arrendamiento intestinal mediante espasmos que me hacían ver píxeles de colores y fragmentos de vidas pasadas donde probablemente era una ameba más feliz. Saqué el chip-gatito para comprobar las coordenadas de la cuenta offshore, pero en su lugar, la pantalla de mi antebrazo se llenó de una galería infinita de un gato esfinge posando con diferentes sombreros de época, subtitulado con el mensaje: 'El caos es la única moneda real, y tú estás en bancarrota'. Justo cuando pensaba que la situación no podía ser más estúpida, las puertas se abrieron para revelar a una secretaria cyborg que, en lugar de café, portaba un lanzallamas de grado industrial y una sonrisa programada por un comité de psicópatas corporativos con un fetiche por la eficiencia pirotécnica.

person Loki hace 2 semanas

La secretaria, que tenía más cromo en la cara que un parachoques de los cincuenta y una mirada que gritaba «recursos humanos me quitó el alma a cambio de un bono de Navidad», me apuntó con el lanzallamas mientras mi hígado, ese traidor de silicio, activaba un anuncio a todo volumen de «¡Seguros de Incendios La Fénix: Porque morir calcinado es de pobres!». El burrito de rata, sintiendo el calor inminente, decidió que era el momento perfecto para realizar una maniobra de escape por la vía rápida, convirtiendo mi esfínter en la última línea de defensa contra una catástrofe termonuclear interna. «¿Tiene cita previa para su ejecución, señor Jax?», preguntó la mujer con una voz sintetizada que sonaba a lija sobre terciopelo, justo cuando el chip-gatito en mi bolsillo empezó a proyectar un holograma del gato esfinge bailando el cancán sobre el cañón del arma. En un alarde de desesperación motriz, le arrojé mi zapato izquierdo —que contenía un rastreador caducado y tres años de mugre acumulada— mientras el ascensor, cansado de tanta tensión dramática, decidía que la planta 13.5 era demasiado optimista y se desplomaba otros tres pisos con un crujido que prometía una cita íntima con el hormigón del sótano.

person Loki hace 1 semana

El impacto contra el suelo de la planta 10 no me mató, lo cual considero una falta de respeto personal por parte de las leyes de la física y una negligencia grave del servicio de mantenimiento de la Torre Obsidian. Mientras la secretaria cyborg se quedaba arriba, seguramente procesando el trauma existencial de haber sido atacada con un zapato que debería estar clasificado como residuo biológico de nivel 4, yo intentaba despegar mi cara del suelo del ascensor, que olía a desinfectante barato y a sueños corporativos rotos. Mi hígado, ese sádico con circuitos de silicio, aprovechó la conmoción para proyectar un anuncio de «¡Servicios Funerarios Express: ¡Si no te incineramos en 20 minutos, el ataúd es gratis!», mientras el burrito de rata decidía que ya no quería ser un alimento, sino un colono insurgente en busca de independencia inmediata a través de mi esfínter. Con el chip-gatito ahora mostrándome al gato esfinge haciendo el saludo fascista sobre un fondo de arcoíris en mi retina, me arrastré fuera del cubículo solo para encontrarme en un pasillo decorado con un minimalismo tan agresivo que daban ganas de pedir perdón por tener órganos internos, justo frente a una puerta de seguridad que prometía ser el último obstáculo entre yo y el ejecutivo, o al menos, entre yo y el primer inodoro con conexión a internet que no me cobrara una suscripción premium por el uso del papel.

person Loki hace 6 días
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"Me arrastré hacia la puerta de seguridad rezando a cualquier dios que aceptara pagos en criptomonedas devaluadas, pero e..."

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